La sílaba de todas las cosas.
Fueron los libros un refugio definitivo, quizá el recurso más valioso para los tiempos recios. Son las palabras las que nos describen, las que nos esconden, las que nombran la herida y la complicidad silenciosa. En los libros encontré la razón de ser, el hueso fundacional. Estuvieron ahí cuando todo carecía de sentido, o cuando los buscamos para dárselo a todo lo que somos.
“Quiero quedarme entre los libros dijo Benedetti, ser una de sus páginas, la más imprescindible, y desde ahí juzgar al pobre mundo.”
No pretendo ser dueño de ninguna verdad, pero sin leer la verdad sería tristísima. Fue la literatura la que llenó todo de sentido; a ella le debo ese pequeño espacio donde imagino ser feliz. Hay personas que siguen acompañándome, personajes que ya son amigos: están conmigo en las noches de insomnio, en los atardeceres.
Ellos me salvaron la vida.

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