La ciudad Rota.
¿Por qué te volviste tan tímida, Tegucigalpa, si cuando te dejé tus paredes aún no tenían grietas? ¿Cuándo habrá comenzado ese derrumbe silencioso?
¿Será que todos se fueron hacia ese norte lejano e imposible? ¿Por qué te abandonaron, Tegucigalpa de mi infancia?
Ahí te dejé mis pasos, que seguro también están rotos; mis primeros versos escritos en aquella banca del Parque La Leona.
No es que fuera poeta: es que también estaba roto.
Ojalá nunca olvides que un día regresaré,
como Ulises quiso volver a divisar su Ítaca.
Volveré a pintar tus calles y escribiré un poema en esa banca que permanece
como una estatua a la que le quebraron todos los dedos.
Volveré para recuperar ese rastro inconfundible que dejamos al caminar.


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