La guerra de las galaxias.

 





Las calles no se derrumban, simplemente se rinden. Así como un día se rindieron los cines de mi infancia. El viejo Clamer, donde vi por primera vez la saga fundacional de Las guerras de las galaxias, era como ver a Tegucigalpa recién pintada. Al salir, llevaba en la cabeza la lucha contra el imperio, las naves que cruzaban la pantalla grande y la respiración oscura de Darth Vader. En casa, imaginaba viajes imposibles a bordo del Halcón Milenario.


Pasaron los años y volví a pasar frente a aquel cine, cerrado para siempre. La nostalgia me detuvo: el edificio cubierto por el polvo del tiempo parecía el emblema de una galaxia destruida, de una estrella que se apagó sin remedio.


¿Habrá manera de revivir aquella escena en la que salí de la mano de mi padre?

Adiós, imperio de la nostalgia.



Comentarios

  1. Gris multicolor
    Uno tiende a conceptualizarse en blanco y negro, a preguntarse absurdamente si alguien es feliz en su vida como si existiera una respuesta posible, como si a ciertas cosas se les pudiese atribuir un sí o un no. Sin embargo, al ingresar en el terreno del arte y la ficción, se accede de inmediato a una conciencia del contraste, del gris como base de la observación, de lo agridulce como continuidad. Entonces se percibe que hay una extraña belleza en el dolor, que hay algo misteriosamente cómico en la tragedia y, por supuesto, algo aterrador en todo bienestar.

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