La figura del mundo

 De niño, yo quería cosas nuevas. Pistolas de plástico, una capa de superhéroe, discos de 45 revoluciones que brillaran con colores extraños y sonidos distintos. Pero para mi padre, el mundo giraba alrededor de los Beatles. No lo entendía del todo, aunque tampoco se lo reproché. Su forma de ver la vida tenía ritmo, aunque no fuera el mío.






Con el tiempo, sin darme cuenta, le di alcance a la verdad. Empecé a escuchar la misma música, una y otra vez, como si crecer fuera una forma suave de volverse antiguo. Como si las guitarras de Liverpool marcaran el compás de mi adultez también.


Mi padre fue, sin duda, la figura del mundo. En él estaban todos los tiempos: la historia, las batallas, los silencios. Nunca se sentó en mi cama para contarme por qué se extinguieron los dinosaurios, pero sí me habló de Vietnam, de Nixon, de una juventud que bailaba entre bombas y acordes de rock.


Tal vez por eso lo escucho aún, no solo a los Beatles, sino a él, cuando cierro los ojos. Como si entre sus historias y mis recuerdos, la aguja siguiera girando, una vuelta más, en ese viejo tocadiscos.

Comentarios

Entradas populares