La Eternidad de un Selfie.




¿Cuánto aguanta un selfie? Tal vez lo suficiente para sostener una sonrisa ensayada en un casting infinito, donde todos somos protagonistas de un guion improvisado. Dentro de las tripas de esta máquina, habitamos un mundo de pantallas urgentes que nos exigen contarlo todo, exponerlo todo, congelarnos en un instante que parece eterno pero se desvanece con el siguiente clic.


Nos retratamos felices, impecables, pulcros de tristeza. Pero hay algo extraño en esa sonrisa digital, algo que no se quiebra ni se desvanece, algo que no se parece del todo a nosotros. Quizás por eso, cuando miro al muerto en el velorio, tengo esa mirada forense, tratando de descifrar lo que quedó de él. Porque, al final, la muerte nos retrata como nunca fuimos.

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