Soldados de Plástico.







En aquella bolsa transparente comprada en el mercado, un niño guardó para siempre un ejército. Todo niño jugó alguna vez a la guerra, con sus cascos de lata y sus balas imaginarias disparadas con el sonido de su boca.

En esa guerra imaginaria conquistaba las calles polvorientas de Tegucigalpa. Mis soldados de plástico quizá no fueron mutilados por la barbarie de una bomba, pero tal vez sí por la nostalgia de aquel niño que guardó para siempre el recuerdo de alguna guerra perdida.

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