El Souvenir de la nostalgia
Caminando por el parque central de Tegucigalpa, Como un niño que de pronto empieza a razonar los motivos de la vida decide abandonar todo lo que había creído, me acerqué a un viejo que vendía libros usados, en su cara se marcaba el rictus propio de las personas que envejecen sin felicidad me conto que había perdido un brazo en un accidente de tránsito, esa tarde me refirió algunos libros de Borges, yo no sabía nada de espejos y de laberintos, pero me sorprendía su tristeza sostenida, pero me contaba que al regresar a casa levantaba los libros del suelo y los guardaba en una maleta y se tomaba un cafecito en la plaza los dolores, por muchos años fui un cliente de su puesto ambulante, la última vez que lo visité le conté que ya no viviría más en Honduras, y el con su sonrisa disfraza me dijo; llévese todos los libros que allá en el norte las cositas que trae de su país les dicen el Souvenir de la nostalgia, le di un abrazo y me despedí, Adiós mi viejo amigo Honduras es una puerta grande de salida, pero llevaré los libros para que algún día descongele en un verso toda la nostalgia.


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