Sueños suicidas.
En mi adolescencia me enamoré de Marilyn Monroe, no la que que salía en las portadas de la revista Vogue, me enamoré de la mujer rota, el ícono sacrificado, esa que una mañana se miró al espejo por última vez incapaz de conquistar un vacío mental y se deslizó 47 pastillas de Nembutal por donde se le fugó la vida, los diarios del mundo retrataban tanta belleza abandonada, la muerte siempre nos retrata como nunca fuimos, un día leí su biografía y descubrí que era despreciada por los intelectuales de su época, y decidí pegar un póster de ella en mi cuarto y cuidarla para siempre, todas las mañanas me levantaba y ella me sonreía feliz en su refugio.


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