El gol más triste
El 22 de Julio del 2001 el Estadio nacional lucia su máxima capacidad, era una fiesta grande donde el corazón latía con un pulso desesperado, enfrentábamos una final contra Platense de Puerto Cortes, era un domingo extraño donde los jugadores no encontraban su lugar en el campo y los minutos avanzaban y la desesperación ya golpeaba nuestros corazones, esa misma desesperación que siente un marinero calculando el naufragio, mi abuelo acercaba su radio al oído para no perder detalle pensaba que por esas frecuencias llegarían buenas noticias, de pronto llega un centro por la banda derecha y Rony Morales con un cabezazo silenciaba un estadio completo, Platense se coronaba campeón, con mi abuelo nos miramos a los ojos como dos soldados que perdían la misma guerra, pero mi abuelo se negaba a salir del estadio quizás sospechando que ese sería su último partido frente al equipo de sus amores, quizás solo quería guardar ese instante para la eternidad. Así salimos caminando en dirección al centro de Tegucigalpa mezclados con un mar de gente que camina en un domingo cualquiera con la pura inercia existencial, ese fue la última vez que asiste al estadio con mi abuelo, por esos pequeños detalles que me regaló la vida siempre hay en mi una voluntad lírica, y también narrativa, de contar historias porque la vida misma es el escenario al cual se vincula la sílaba de todas las cosas.

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