Héroes del silencio

 




Cuando entrábamos en la adolescencia, "los héroes del silencio” se parecían mas a nuestra  forma de sentir el mundo, vestíamos de negro que parecía el traje solemne de los que estábamos rotos, su música estaba ligada como una fuerza casi espiritual en todos nuestros sentidos, sus letras eran un acto notarial que registraba la herida, esos días donde no le permitíamos a nadie que juzgara nuestra forma de vivir, un día llegaron a Tegucigalpa, y todos los rockeros de mi barrio tenían en sus ojos el fin del Mundo, Nos reconocíamos como los ojos  que vieron la misma guerra, el estadio nacional disfrazado con esqueletos, mítico, como la caverna de todos los Ángeles caídos, era una noche infinita, hasta que llegó el día de su separación, hoy algunos siguen con las botas puestas.

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