Fin del mundo.



Aveces cuando salía del colegio me gustaba entrar a la catedral del parque central de Tegucigalpa, no precisamente para rezar, pero me parecía un lugar misterioso, abrumador, ajeno al bombardeo de la vida, disfrutaba su luz opaca, su penumbra tranquilizadora y las velas que reflejaban sombras en las paredes, sentía una especie de sobrecogimiento místico, pero nunca miraba el rostro de los Santos, me parecían cargados de dolor, de pena, me causaban lastima, un día sentí la tentación de entrar con unos walkman Sony escuchando el único Casete de Guns N' Roses, que un amigo me había prestado, recuerdo que sonaba “Patience” donde en la introducción Axl Rose silbaba armoniosamente, desde ese día sabía que podía provocar con mis propias manos el fin del mundo. 


https://youtu.be/ErvgV4P6Fzc

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