Carta Náutica





Crecí en una ciudad donde no había mar Tegucigalpa horizontal y montañosa tenía que acercar el oído a un caracol para imaginar el ruido Milagroso de las olas, conocí el mar a los ocho años fue como abrir una ventana inmensa, en la niñez suceden los paisajes definitivos y se extienden por toda los años hay mares que hoy recorro en barcos de papel, este inexorable territorio donde cabe todas las imágenes. cuántas cosas se de cierto que no quiero olvidar, guardo la patria más pequeña más memorable. 


Ahora vivo cerca del mar en donde cada uno de sus habitantes contempla su país entre las manos con las nostalgias idénticas cuidando la propiedad más oculta del tiempo, la memoria es un libro infinito para que lo leamos hasta que el tiempo acabe es como contemplar la lentitud de un barco hasta que se aleja.

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