Todos mis juguetes están rotos, pero hay uno que conservo para siempre esta pequeña ingeniería anímica, volver abrir el cajón y darle el uso adecuado a la nostalgia y sumergirse en la comitiva del recuerdo por más que el olvido lo vacíe todo, siempre hay que volver a la alegría, toda esa dulce sensación de asombro que todavía conservo es la que hace que mi mundo gire.
Nota: entre los juguetes habían dos trenes descarrilados, un robot de metal oxidado, un avión con las alas rotas , una nave espacial con tripulantes, y un soldadito de plástico como los de ahora.
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