Piano Bar
Eran las dos de la madrugada la hora perfecta del nocturno caminante, decidí buscar un refugio que me protegiera del frío entre a un bar que era un enorme vacío, pedí una copa de vino y contemple las mesas desoladas, de pronto mire entrar despacio a un hombre que le calculaba algunos sesenta años, lo mire caminar hacia la tarima y desempolvar aquel viejo piano en la esquina más oscura de aquel solitario bar, el hombre empezó a tocar como quien rompe el silencio acumulado, poco a poco el lugar se fue llenando como si la música convocara a los más solitarios, no se escuchaban aplausos pero escuché el sollozar de algunas lagrimas, aquella atmósfera cambió con el dulce sonido del piano, como una sensación que el tiempo se detiene, y comprendí esa noche que la soledad y la música representan la revolución de los más tristes.

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